martes, 6 de octubre de 2009

SE FUE MERCEDES. NACIÓ UN MITO


Por razones que no vienen al caso comentar, el autor se llamó a silencio durante algunos días. En este tiempo pasaron varias cosas que merecerían uno o más párrafos, pero para no aburrir o quizás por vagancia, nos detendremos en una sola, que es, a entender del que suscribe lo más importante que pasó en los últimos días. En la madrugada del último domingo se fue de la vida la Negra Mercedes Sosa, la cantora popular más grande que haya pisado esta, Nuestra Tierra.

Había nacido un 9 de julio de 1935 en Tucumán (todo un símbolo de lo que iba a representar para la Argentina). Su voz supo interpretar como nadie las canciones más bellas. Era cautivante como pocas. Y así fue reconocida no solo en el país sino en el mundo entero. Basta una recorrida por los medios digitales de los lugares más recónditos y lejanos del planeta una vez conocida la triste noticia de su muerte, para darse una idea de la enorme dimensión de su figura.

Además de poseer una voz profundamente hermosa, Mercedes se había afiliado al Partido Comunista en la década del cincuenta y decía lo que pensaba a través de sus canciones. Esto le valió la persecución política en la década del setenta, teniendo que exiliarse en Paris, primero y en Madrid, después. A su regreso, en 1982, el público reventó el Teatro Opera para volver a verla.

Fue una presencia maternal para una gran cantidad de artistas a los que amadrinó y no tuvo pudor en cantar con ellos o interpretar sus canciones. Desde Víctor Heredia hasta León Gieco, pasando por Charly García y Fito Paéz, por nombrar solo algunos.
Cuando en la madrugada del domingo 4 de octubre, las radios y los canales de televisión anunciaron que se había ido, los homenajes hacia su figura no paran de sucederse. A veces, es condición para convertirse en un mito, tener una muerte temprana y trágica. A diferencia de otros mitos argentinos, como lo pueden ser Gardel, Evita o el Che Guevara, a Mercedes no le hizo falta morirse joven para ingresar en esa categoría. Era una leyenda viviente y ahora que ingresa en el Olimpo de los Dioses, el mito de Mercedes Sosa crecerá hasta niveles insospechados. Ahora que ya no está, los argentinos no tenemos ni la más remota idea aún, de cuanto la extrañaremos.

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