lunes, 31 de agosto de 2009

LUCHE Y VUELVE


Hoy a las 23 vuelve a la pantalla de Canal 7 la sensación televisiva de los últimos años. Estamos hablando, claro, de Peter Capusotto y sus videos, la magnifica creación de Diego Capusotto y Pedro Saborido. Se trata de una nueva temporada del ciclo que combina videos con parodias del mundo del rock. Así volveremos a ver, entre otros, a personajes como Pomelo, Nicolino Roche, el Emo, Juan Carlos Pelotudo y Bombita Rodríguez, el Palito Ortega Montonero.

Capusotto es, además de un capocómico (uno de los pocos del momento), un excelente lector de la realidad. De este modo es capaz de hacer humor apelando a la historia del peronismo de los setenta o de parodiar la dinámica de los programas de radio actuales en donde el conductor es un constante transmisor de malas noticias que poco a poco van sacando a quienes escuchan; y los oyentes, que participan a través de llamados telefónicos, son personas que parecen tener la solución para cada uno de los problemas de la sociedad argentina, con una tendencia muy ligera a la indignación, pero sin olvidarse de saludar con un “muy bueno el programa”. En su programa radial, Lucy en el cielo con Capusotto, el humorista exacerba todos esos ticks del oyente de radio y los pone de manifiesto tomando una excelente fotografía del argentino medio y de la conducta de ciertos medios de comunicación.

Esta nueva temporada de Peter Capusotto y sus videos, constará solo de ocho envíos. En palabras del propio actor, una manera de no desgastar el ciclo. Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

jueves, 27 de agosto de 2009

HOY


Un día como hoy pero hace casi noventa años se realizaba la primera transmisión de radio en Buenos Aires, y una de las primeras en el mundo. Por eso, todos los días como hoy se celebra el día de la radiodifusión. Justamente hoy y tomando como símbolo ese hecho, la Presidenta de la Nación envió al Congreso el Proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Una medida que la sociedad viene reclamando desde hace tiempo. Una ley que reemplace a la de la dictadura y sea una norma que ayude a democratizar los medios de comunicación, permitiendo el libre acceso a la información de todos los ciudadanos y ciudadanas. ¿Quien podría estar en contra de un proyecto de estas características? Siempre hay alguien dispuesto. Como fue el caso de algunos de los principales referentes de la oposición política de nuestro país.

La vieja ley de radiodifusión, con sus modificaciones durante el gobierno del escapista riojano, fue la que permitió la concentración monopólica de los medios de comunicación, el ambiente propicio para la propagación del discurso único. Sin embargo, para la oposición este no es el momento para debatir esta ley. Quieren esperar al 10 de diciembre, cuando el mapa del Congreso de la Nación promete serle más benévolo a sus intereses y a los intereses que representan. Hablan de libertad de prensa, pero no es eso lo que les interesa. Donde dice prensa debería decir empresa. Pues eso es lo que defienden y así podrían, si acaso la ley se debatiera, promulgar un texto acorde a los negocios de las grandes empresas monopólicas de la información.

Por eso, no es momento para titubeos. Es ahora, o nunca quizás. Ya bastantes postergaciones hubieron desde hace más de veinticinco años en los cuales ningún gobierno se animó a debatir una nueva ley de medios acorde a los tiempos que corren. La historia está para ser escrita y el Congreso de la Nación puede escribir una página importante si se anima a debatir y sancionar una ley que verdaderamente garantice el derecho humano a la libertad de expresión.

sábado, 15 de agosto de 2009

UNA BUENA SEÑAL


En los picados del barrio, en el potrero, había distintas clases de jugadores. Estaba el que era bueno, la pisaba y jugaba por su categoría, el gordito al que siempre le tocaba el arco, o el que jugaba porque era el dueño de la pelota y hacía lo que quería. En nuestro fútbol, el de todos los fines de semana, venía pasando algo parecido. Los clubes, con Julio Grondona a la cabeza, le habían pasado la pelota a un grupo de empresas (o a una empresa) que se le habían adueñado. Y tanto se creyeron ser los dueños, que hicieron durante casi veinte años lo que se les dio la gana con la pasión más grande de los argentinos: el fútbol.

Por ese motivo y aunque aún no esté del todo claro que es lo que va a suceder de aquí en más, hay en el ambiente una sensación de satisfacción muy grande. Ver morder el polvo a los que hasta acá se creían omnipotentes es una alegría doble. ¿Como no va a celebrarse que quienes secuestraban los goles hasta el domingo a la noche por una vez pierdan? Si son esos mismos tipos que te mostraban toda la previa del partido, a los jugadores cuando salían a la cancha y hacían los ultimos ejercicios de calentamiento y justo cuando el árbitro daba el pitazo inicial, te daban vuelta la cámara para televisar noventa minutos de… ¡tribuna!. Los mismos que hicieron natural que un partido se jugara a la una y media de la tarde o a las once de la mañana. O un martes a las tres de la tarde. Los mismos que armaron tropas de periodistas adictos, incapaces de hacer una crítica (salvo honrosas excepciones). De tipos con experiencia y de jóvenes que con tal de estar en cámara se aprendieron muy bien el libreto. Son esos mismos periodistas que ahora se preguntan con su mejor cara de póker como el gobierno puede destinar millones para el fútbol sin antes solucionar “el escándalo de la pobreza” (Benedicto dixit). Pero que nunca dijeron absolutamente nada de la estafa que se cometía contra los clubes al recibir estos una mísera parte del negocio faraónico que la pelota genera. Y que tomaron como natural que viniera cualquier equipo ya no de España, Italia o Inglaterra (léanse estas como las ligas más poderosas del Mundo) sino de Rusia, Grecia, o Ucrania para llevarse a los mejores jugadores y con eso seguir devaluando al campeonato vernáculo.

Es risueño ver como “Don Julio” se ha convertido en Grondona a secas para el pulpo multimediático, luego de haber compartido un idílico romance durante años. Por supuesto que Grondona no es la Madre Teresa y los dirigentes de los clubes no son los enanitos de Blancanieves. De una vez por todas tendrán que hacerse las cosas bien en el fútbol argentino para que realmente cambien en serio. Pero empezar por el fin del monopolio es una buena señal.

lunes, 10 de agosto de 2009

¿PARA QUÉ LADO VA LA PELOTA?


Lo que puede pasar en las próximas horas es algo digno de ser visto. Hay que decirlo. Que la televisación del fútbol deje de estar en manos del monopolio en el que está actualmente es un hecho que resultaría un impacto de gran estruendo. Para empezar hay que decir que la pelea que se da entre la Asociación del Fútbol Argentino, o sea Julio Grondona, y el monopolio que cuenta con los derechos de televisacion de la pelota, o sea el Grupo Clarín, es una lucha en la que de antemano huele mal en cualquiera de los dos rincones. Durante años Grondona y la Televisión han pactado para llegar a la situación que se llegó.

El fútbol es una pasión y un hecho de interés común para los argentinos. No obstante no deja de ser un negocio. Quienes generan ese negocio son los clubes y los jugadores de fútbol, principales protagonistas. Y la gente que asiste domingo tras domingo a las canchas y los millones que lo miran por TV. Este negocio genera montañas de dinero. No es oficial pero hay versiones que indican que la cifra sería cercana a los nueve mil millones de pesos. Si, nueve mil. Sin embargo ¿Cuánto reciben los clubes por ese espectáculo que generan? Tan solo doscientos sesenta y ocho millones a partir de que se comenzaron a televisar todos los partidos de Primera División. Antes la cifra no superaba los cien millones.

Ante esta situación, nos encontramos, por un lado, con clubes devastados económicamente, que se ven obligados a vender a sus mejores jugadores para financiarse ante ofertas que a veces no son de gran conveniencia, con tal de llegar a fin de mes. Por el otro, con una empresa que saca una tajada muy jugosa y monopoliza todo lo que se hace en torno al fútbol. De esta manera decide, por ejemplo, que para ver determinado partido haya que abonar un extra al monto que ya se cobra por el servicio de cable. O que los goles que se hacen un viernes a la tarde solo puedan verse una vez que los libera, después del virtual secuestro, a las 48 o 50 horas, luego del show futbolístico del domingo. O que se llegue al paroxismo de poner un equipo periodístico a comentar las alternativas de un match, mientras los televidentes solo pueden observar lo que ocurre en las tribunas donde se juega, al tiempo que los comunicadores de ese evento exaltan las supuestas bondades de estar llevando a los hogares la “radio que se ve”.

Por todo esto y por muchas otras razones que serían muy largas para enumerar aquí, sería un gran impacto ver como el grupo multimediático más poderoso del país pierde la gallina de los huevos de oro si finalmente se concreta la rescisión del contrato que debería regir hasta 2014. ¿Y de ahí en más que? Se dice que el Estado intervendría por el doble de lo que pone hoy la empresa y que esta se niega rotundamente a poner. Y qué el fútbol dejaría de estar “privatizado”. Es decir que se permitiría el acceso a la mayor cantidad posible de hogares mediante la televisión pública. Claro que no faltan quienes alegan que sería vergonzoso que el gobierno atendiera ese asunto descuidando otras necesidades más urgentes. Si tenemos en cuenta la cantidad de dinero que el fútbol es capaz de generar, con clubes con economías equilibradas que les permitan enriquecer sus planteles, eso no sería un gasto sino una inversión que debería volver en obras para atender esas necesidades.

Si esto sucede no solo sería un gran estruendo, sino que también podría darle al gobierno un gran espaldarazo en su pelea con el multimedio Clarín para empezar a dar otra batalla. La madre de todas, postergada desde hace años. La de una ley de radiodifusión de la democracia.

domingo, 2 de agosto de 2009

PALABRAS


Hay palabras que están dentro de las favoritas de la derecha argentina. Cívico, ciudadano, moral, buenas costumbres, República, Patria. Patria. En esencia es una palabra hermosa y según quien la diga puede tener distintas connotaciones. Pero puesta en la boca del Presidente de la Sociedad Rural Argentina nos remite a una patria, que no es la misma con la cual se identifica quien suscribe.

En su discurso de inauguración, el dirigente rural pronunció muchas veces la palabra patria. “Cuando el campo dice patria piensa con nostalgia en aquel magnífico granero del mundo capaz de alimentar a la humanidad entera, hoy convertido en presa de la voracidad fiscal y la falta de políticas adecuadas”, manifestó.

Hay, en cierto imaginario, una idea de que todo tiempo pasado fue mejor. En ese pasado se suele remitir con esa nostalgia que menciona Biolcati a que la Argentina del granero del mundo era una Argentina próspera y pujante que luego terminó convirtiéndose en la cualquier cosa que es hoy. Estas palabras pueden escucharse tanto de boca del Presidente de SRA como de cualquier ciudadano de a pie. Pues bien, habría que hacer la aclaración de que cuando éramos el granero del mundo (esto es ser el principal proveedor de granos mundial) eran unas pocas familias, las de los grandes propietarios de la tierra y las clases dominantes, las beneficiadas. Los únicos que disfrutaban de la suntuosidad que el granero aportaba. Al punto que se llegaba a decir que cuando alguien era rico lo era “como un argentino”. Y lo hacían basándose en un sistema de dominación que impedía, por ejemplo, el acceso de las grandes mayorías a la vida política. La clase trabajadora, principal sustento de ese granero del mundo, lejos estaba de poder disfrutar de sus beneficios. Y cuando empezó a intentar organizarse y a reclamar sus derechos se les contestó con la ley de residencia o con la represión en las grandes huelgas de principios de siglo.

Otra palabra que también mencionó Biolcati en su discurso fue pobreza. Habló de que “la Mesa de Enlace (que integran la Rural, Carbap, Coninagro y la Federación Agraria) tiene un programa, consensuado con la oposición, para salir de la crisis y terminar con la pobreza”. Es llamativo que cuando la Mesa de Enlace propone terminar con la pobreza lo haga desde la base de pagar la menor cantidad de renta impositiva posible, mediante la eliminación de retenciones. Que justo ahora se vengan a acordar de los pobres. Y también que lo que quiera sea acabar con la pobreza con “nostalgia de aquel magnífico granero del mundo”, en el cual los favorecidos no eran justamente los pobres.