
Lo que puede pasar en las próximas horas es algo digno de ser visto. Hay que decirlo. Que la televisación del fútbol deje de estar en manos del monopolio en el que está actualmente es un hecho que resultaría un impacto de gran estruendo. Para empezar hay que decir que la pelea que se da entre la Asociación del Fútbol Argentino, o sea Julio Grondona, y el monopolio que cuenta con los derechos de televisacion de la pelota, o sea el Grupo Clarín, es una lucha en la que de antemano huele mal en cualquiera de los dos rincones. Durante años Grondona y la Televisión han pactado para llegar a la situación que se llegó.
El fútbol es una pasión y un hecho de interés común para los argentinos. No obstante no deja de ser un negocio. Quienes generan ese negocio son los clubes y los jugadores de fútbol, principales protagonistas. Y la gente que asiste domingo tras domingo a las canchas y los millones que lo miran por TV. Este negocio genera montañas de dinero. No es oficial pero hay versiones que indican que la cifra sería cercana a los nueve mil millones de pesos. Si, nueve mil. Sin embargo ¿Cuánto reciben los clubes por ese espectáculo que generan? Tan solo doscientos sesenta y ocho millones a partir de que se comenzaron a televisar todos los partidos de Primera División. Antes la cifra no superaba los cien millones.
Ante esta situación, nos encontramos, por un lado, con clubes devastados económicamente, que se ven obligados a vender a sus mejores jugadores para financiarse ante ofertas que a veces no son de gran conveniencia, con tal de llegar a fin de mes. Por el otro, con una empresa que saca una tajada muy jugosa y monopoliza todo lo que se hace en torno al fútbol. De esta manera decide, por ejemplo, que para ver determinado partido haya que abonar un extra al monto que ya se cobra por el servicio de cable. O que los goles que se hacen un viernes a la tarde solo puedan verse una vez que los libera, después del virtual secuestro, a las 48 o 50 horas, luego del show futbolístico del domingo. O que se llegue al paroxismo de poner un equipo periodístico a comentar las alternativas de un match, mientras los televidentes solo pueden observar lo que ocurre en las tribunas donde se juega, al tiempo que los comunicadores de ese evento exaltan las supuestas bondades de estar llevando a los hogares la “radio que se ve”.
Por todo esto y por muchas otras razones que serían muy largas para enumerar aquí, sería un gran impacto ver como el grupo multimediático más poderoso del país pierde la gallina de los huevos de oro si finalmente se concreta la rescisión del contrato que debería regir hasta 2014. ¿Y de ahí en más que? Se dice que el Estado intervendría por el doble de lo que pone hoy la empresa y que esta se niega rotundamente a poner. Y qué el fútbol dejaría de estar “privatizado”. Es decir que se permitiría el acceso a la mayor cantidad posible de hogares mediante la televisión pública. Claro que no faltan quienes alegan que sería vergonzoso que el gobierno atendiera ese asunto descuidando otras necesidades más urgentes. Si tenemos en cuenta la cantidad de dinero que el fútbol es capaz de generar, con clubes con economías equilibradas que les permitan enriquecer sus planteles, eso no sería un gasto sino una inversión que debería volver en obras para atender esas necesidades.
Si esto sucede no solo sería un gran estruendo, sino que también podría darle al gobierno un gran espaldarazo en su pelea con el multimedio Clarín para empezar a dar otra batalla. La madre de todas, postergada desde hace años. La de una ley de radiodifusión de la democracia.
El fútbol es una pasión y un hecho de interés común para los argentinos. No obstante no deja de ser un negocio. Quienes generan ese negocio son los clubes y los jugadores de fútbol, principales protagonistas. Y la gente que asiste domingo tras domingo a las canchas y los millones que lo miran por TV. Este negocio genera montañas de dinero. No es oficial pero hay versiones que indican que la cifra sería cercana a los nueve mil millones de pesos. Si, nueve mil. Sin embargo ¿Cuánto reciben los clubes por ese espectáculo que generan? Tan solo doscientos sesenta y ocho millones a partir de que se comenzaron a televisar todos los partidos de Primera División. Antes la cifra no superaba los cien millones.
Ante esta situación, nos encontramos, por un lado, con clubes devastados económicamente, que se ven obligados a vender a sus mejores jugadores para financiarse ante ofertas que a veces no son de gran conveniencia, con tal de llegar a fin de mes. Por el otro, con una empresa que saca una tajada muy jugosa y monopoliza todo lo que se hace en torno al fútbol. De esta manera decide, por ejemplo, que para ver determinado partido haya que abonar un extra al monto que ya se cobra por el servicio de cable. O que los goles que se hacen un viernes a la tarde solo puedan verse una vez que los libera, después del virtual secuestro, a las 48 o 50 horas, luego del show futbolístico del domingo. O que se llegue al paroxismo de poner un equipo periodístico a comentar las alternativas de un match, mientras los televidentes solo pueden observar lo que ocurre en las tribunas donde se juega, al tiempo que los comunicadores de ese evento exaltan las supuestas bondades de estar llevando a los hogares la “radio que se ve”.
Por todo esto y por muchas otras razones que serían muy largas para enumerar aquí, sería un gran impacto ver como el grupo multimediático más poderoso del país pierde la gallina de los huevos de oro si finalmente se concreta la rescisión del contrato que debería regir hasta 2014. ¿Y de ahí en más que? Se dice que el Estado intervendría por el doble de lo que pone hoy la empresa y que esta se niega rotundamente a poner. Y qué el fútbol dejaría de estar “privatizado”. Es decir que se permitiría el acceso a la mayor cantidad posible de hogares mediante la televisión pública. Claro que no faltan quienes alegan que sería vergonzoso que el gobierno atendiera ese asunto descuidando otras necesidades más urgentes. Si tenemos en cuenta la cantidad de dinero que el fútbol es capaz de generar, con clubes con economías equilibradas que les permitan enriquecer sus planteles, eso no sería un gasto sino una inversión que debería volver en obras para atender esas necesidades.
Si esto sucede no solo sería un gran estruendo, sino que también podría darle al gobierno un gran espaldarazo en su pelea con el multimedio Clarín para empezar a dar otra batalla. La madre de todas, postergada desde hace años. La de una ley de radiodifusión de la democracia.
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