De vez en cuando las tostadas se le quemaban y ahí, Nereyda, mi abuela, largaba una puteada: “¡me cago en la madre de Perón!”, decía, poniendo un especial énfasis en las palabras cago y Perón. Aunque siempre me causó mucha gracia ese insulto hacia la progenitora del General, que la vieja propinaba intempestivamente al aire, nunca me preocupé por saber el significado que tenía para ella. ¿Qué significaría para mi abuela cagarse en la madre de Perón? Si bien nunca tuvo una formación política robusta, ella se declaraba peronista. Analizándolo minuciosamente, entonces, no tendría mucho sentido cagarse en la mujer que había llevado en su vientre a quien fuera en vida el político más influyente de la historia argentina, siendo además que mi abuela profesaba una especie de amor platónico hacia el líder.
Años después leyendo un librito sobre John William Cooke, noté que José Pablo Feinmann atribuía al ideólogo del Peronismo Revolucionario, la siguiente frase: “Me cago en Perón.” Claro que Cooke no puteaba al líder porque se le quemaran las tostadas ni por ningún otro percance culinario, sino que ese cagarse en Perón tenía, en palabras de Feinmann, otra explicación. Distinta a la de mi abuela y casi filosófica: …“para los peronistas como yo, para los peronistas revolucionarios, cagarnos en Perón es creer y saber que el peronismo es más que Perón. Que Perón es el líder de los trabajadores argentinos, pero que nosotros, los militantes de la izquierda peronista, tenemos que hacer del peronismo un movimiento revolucionario. De extrema izquierda. Y tenemos que hacerlo le guste o no a Perón. Porque si lo hacemos, compañero, a Perón le va a gustar. Porque Perón es un estratega y un estratega trabaja con la realidad. Una realidad que, más allá de sus convicciones que son muy difíciles de conocer, Perón va a tener que aceptar. Porque Perón, Salamanca, ya no se pertenece. Quiero decir: lo que no le pertenece es el sentido político último que tiene en nuestra historia. Porque Perón va a tener que aceptar lo que realmente es, lo que el pueblo hizo de él: el líder de la revolución nacional y social en
John William Cooke había nacido en
Mi abuela, no era de izquierda y no intentaba anticiparse al pensamiento de John William Cooke o del mismo José Pablo Feinmann. Simplemente y vaya a saber uno por qué, se cagaba en
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