“¿Las pelotas quieren esconder ahora? Cagones de mierda”. Mierda con acento en la e y un gesto de la cabeza hacia abajo al pronunciar la palabra. Mierda. Como escupiéndola al piso. Palabra fuerte. Agresiva. Contundente dicha de ese modo. La frase pertenece al técnico de Huracán, Ángel Cappa. Y aunque el diga que se avergüenza al verse en la televisión teniendo semejante reacción, el hombre es un gran puteador. Vale decirlo y no se avergüence, Ángel. Podría afirmarse que está al nivel de un Federico Luppi, otro de los grandes en este género, quizá el mejor de todos, que supo inmortalizar sus puteadas en la pantalla grande. Pero ¿a qué se debe esa puteada en la boca de un caballero como don Ángel?Se jugaban los instantes decisivos de la final del torneo argentino de fútbol y su Huracán veía escabullirse el sueño de campeón en manos de Vélez. El equipo de Gareca ganaba uno a cero y en ese momento fue cuando se repitió algo que lamentablemente tiende a ser una costumbre. Una puta (acentuando en la pu) costumbre en el futbol argentino. Cada vez que un equipo local está consiguiendo un resultado importante, aparecen colaboradores que se encuentran fuera del rectángulo que esconden la(s) pelota(s). Se trata de un acto cobarde. ¿qué lograrían si nadie encontrara los balones? ¿Suspender el partido? Entonces el titular del diario del día siguiente sería algo así como SUSPENDEN PARTIDO POR FALTA DE PELOTAS. Justamente es eso lo que demuestran quienes realizan este tipo de acciones: la falta de pelotas para ser valiente y jugar hasta el final. Porque el fútbol, más allá de que pueda ser bastardeado, es un juego. Quizá el más hermoso.
Para demostrar eso basta otro ejemplo. Dos. Que se destacan por su alto contraste. Jugaban Gimnasia y Estudiantes. El Lobo ganaba uno a cero, el partido se moría y ante un lateral alguien tuvo la infeliz idea de esconder las pelotas. El defensor pincha Marcos Angeleri advirtió que el escondite era detrás del banco de suplentes tripero y corrió hasta allí a buscarlas para proseguir con el juego. Se hizo el lateral. La pelota cayó en el área de Gimnasia y luego de un rebote, el volante Cristian Sánchez Prette selló el empate. Final y amargura para la hinchada tripera.
Esta tarde, en cambio, Gimnasia se jugaba la vida futbolísticamente hablando. Debía remontar un 0-3 en contra ante Atlético de Rafaela para quedarse en la primera división del fútbol argentino. Se cumplía el tiempo reglamentario y el Lobo conseguía el 2 a 0 que lo ponía a un paso de la hazaña. Que llegó dos minutos más tarde con un cabezazo en palomita de Franco Niell, un petiso de 1,62 m. Increíble. Una palomita que se recordará tanto en el bosque platense como los hinchas de Rosario Central recuerdan la de Aldo Poy el 19 de diciembre de 1971. Final y fiesta en el Bosque.
Y así Gimnasia consiguió el milagro de quedarse en primera. Con fútbol y pelotas. Jugando a la pelota hasta los últimos instantes. Porque para jugar al fútbol hacen falta pelotas. Al menos una. Quienes las esconden es porque no las tienen.
2 comentarios:
buenisismo!!! y la puteada de Luppi una joyita!!
El Lobo sí que tiene pelotas!!
Besos Esteban!!
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