sábado, 25 de diciembre de 2010

Esa pregunta que nunca quise escuchar


Siempre hubo una pregunta para la que no tuve respuestas. Cuando era pibe y vivía mis primeros amores pasajeros, había un momento, por lo general después de un instante de intimidad, en el cual era interrogado acerca de mis sentimientos. “¿En qué pensás? o ¿qué sentís?” eran las preguntas favoritas de mis acompañantes. Pregunta incómoda si las hay. Y no se trata de que uno no tenga sentimientos. Pero para qué agregar palabras cuando está todo dicho. O cuando, sinceramente, uno no está pensando en nada concreto o que tenga que ver con lo que la interlocutora quiera escuchar.

Las primeras veces, sorprendido ante la requisitoria, contestaba con evasivas, al estilo de “no es que no piense en nada, pero este ha sido tan buen momento que no tendría sentido que yo lo arruine con mis pensamientos”, para luego terminar la frase con un beso y rápidamente llevar la conversación a otro tema. Muchas veces me vi contestando con frases de compromiso y falso romanticismo para salir del paso. “Pienso que soy alguien muy afortunado por tenerte a mi lado” o “no merezco esto que me está pasando.” Pero una noche, harto de hacerme el poeta, pensé en contestar con una respuesta original, algo que descolocara a mi novia de entonces. Fue así que ante el habitual -¿en qué pensás?-, dije que estaba tratando de recordar la formación del Racing campeón del mundo de 1967 y de memoria recité: “Cejas; Perfumo y Chabay; Martín, Rulli y Basile; Cardoso, Maschio, Cárdenas, Rodríguez y Raffo. ¡Qué equipazo!” Mi novia pensó que estaba loco o que era un pelotudo. Creo que aquella se inclinó, no muy alejada de la realidad, por la segunda opción.

Así fui ensayando nuevas respuestas, intentando perfeccionar mi técnica. Una vez, otra de mis novias me inquirió “-¿Por qué estás callado, en qué pensás?-.” Mi respuesta fue que estaba pensando en “como podía haber sido posible que en aquel año 1951 el General Perón se dejara engañar por el científico alemán Ronald Richter -quien se había instalado tiempo antes en la Isla Huemul con el propósito de producir energía atómica- y anunciara muy suelto de cuerpo al mundo que la Argentina era pionera en esa materia, cuando en realidad el alemán no había obtenido ningún resultado en concreto.” Mi novia me recorrió de arriba abajo con la mirada, se levantó el flequillo con un soplido y me largó un categórico: “-Forro-.” A lo cual contesté que todavía lo tenía puesto y que sería mejor que lo depositara en el cesto de residuos, para más adelante agregar que “de todos modos el General había admitido el fracaso y eso sentó las bases para dejar en marcha la Comisión Nacional de Energía Atómica.” Ella, que no era una chica interesada por la historia y los procesos políticos, mucho menos por el desarrollo nuclear, me definió con tres palabras: “-Sos un boludo-.”

Por un tiempo seguí dando respuestas insólitas, superándome hasta llegar a lugares inusitados. En una época, quizás influenciado por el ingreso a la Universidad, comencé a pronunciar acalorados discursos. “-Ahora estoy pensando en la historia común de los pueblos de la América Latina. Una historia que nos habla de la opresión. Ayer la corona española, hoy el imperialismo yanqui–”, decía levantando el dedo índice a la altura de la sien y con un forzado acento caribeño al estilo cubano. Algunas me miraban con respeto y hasta diría que con admiración. “-¡Ha llegado la hora de romper nuestras cadenas, la hora de los pueblos de América!-”, exclamaba a los gritos, con el puño izquierdo hacia arriba y la mano derecha sosteniendo la sábana que tapaba mis partes pudendas. Aunque no faltó ocasión en la que me viera decepcionado por la efectividad de mi discurso. Una vez me encontré con una joven, que me confesó que se había interesado por la política a través mio, que me contó que estaba con ganas de “hacer algo desde adentro” y que para eso había hablado con una prima que le había conseguido una solicitud, que tenía que llenar como si fuera el formulario de una agencia de empleo, para comenzar a militar en la Juventud del PRO. Estuve varios días preguntándome en qué habría fallado.

Y así pasaron los años, llegó alguna relación estable, en la cual todas mis respuestas ya eran conocidas. Idas, venidas. Mujeres que llegaron y se fueron tan rápido como los presidentes de diciembre de 2001. Hasta que sucedió algo que me pondría nuevamente a prueba, en el momento menos esperado.

Recuerdo que tomaba un trago en un bar, seguramente intentando teorizar sobre el proceso político en curso, cuando por la puerta vi ingresar a una morocha. El cabello largo y un flequillo que le surcaba la frente, tapando una parte de su rostro. Era una noche fría y ella, desafiante, llevaba puesto un saco largo que cuando se lo quitó dejó ver sus piernas blancas, que parecían suaves. El escote me desviaba los ojos y su sonrisa era algo que no podía pasar inadvertido. Empecé a ponerme nervioso, pensando en como hacer para acercarme a ella.

Como un tonto, me arrimé con una excusa más tonta aún. Hice un mal chiste y ella se rió por compromiso. Afortunadamente, tuve dos o tres frases que llamaron su atención, la conversación siguió en buen tono y así estuvimos por un rato. Sinceramente ella me agradó y me hizo reflexionar acerca de las casualidades de la vida. Cómo es posible que cuando uno menos lo espera, estando en el lugar exacto y en el momento indicado, llega alguien que altera tus planes.

Así la fui conociendo, tan rápido como corrían las cervezas de aquella noche. Durante un tiempo todo fue muy lindo, tanto que me hacía sospechar que algo iba a ocurrir. Un día la noté inquieta. Daba vueltas en la cama y me miraba, como sin animarse a decir lo que finalmente diría. Fue en ese momento que me escuché haciendo la misma pregunta que tantas veces no había querido escuchar: “-¿Qué te pasa?-.” Hubo un silencio, la mirada perdida en el ventanal. “-¿En qué pensás?-”, insistí. “-¿Te puedo hacer una pregunta?-”, dijo ella mientras cubría sus senos, de una redondez y proporción casi perfectas, con la sábana. Ahí pensé, va a preguntarme en que pienso y tendré que ser absolutamente sincero esta vez. No voy a salir ahora con qué pienso en qué hubiera pasado si al General Perón lo hubieran matado en el 55 o si hubiese podido regresar al país en el 64. “–Si, preguntame, dale-”, contesté entusiasmado. “-¿Por qué cayó el Plan Austral?-.” Lo dijo así, sin ningún preludio, como una escupida que se estrella contra el parabrisas de un auto.

Mi primera reacción fue de sorpresa absoluta. Cuando por primera vez esperaba una pregunta que diera lugar al estado de mis sentimientos, para decir que estaba realmente enamorado, me vi interrogado acerca de un hecho político de nuestra historia reciente, que nunca había incluido en mi lista de temas para respuestas insólitas. “-Bueno, en verdad, la economía nunca fue mi fuerte-”, balbuceé al comienzo para después enredarme en una maraña de palabras como hiperinflación, saqueos, Alfonsín, convertibilidad, Menem y Cavallo, precedidos estos dos últimos del término atorrante o sinvergüenza.

Creo sin temor a equivocarme que mi respuesta no fue satisfactoria y ella tuvo que seguir indagando en otras fuentes para poder comprender el por qué del fracaso del plan económico del gobierno alfonsinista. Pero la experiencia siempre deja algo que se ha aprendido. Como si la vida fuese un juego de preguntas y respuestas ella preguntó y yo, sin argumentos, retrocedí un par de casilleros. Pero supe a partir de entonces que las mujeres que llegan a tu vida para dejarte sin respuestas, son aquellas por las que vale la pena jugarse un pleno.

viernes, 5 de noviembre de 2010

El Flaco de los mocasines y el saco cruzado


Con un gran dolor, la noticia tardó, en mi conciencia y en la de millones de argentinos, en volverse tolerable. -¿Es verdad que murió el ex presidente?-, preguntó la señora que esperaba para ser censada en la destemplada mañana de Santa Clara del Mar. -¿Como? ¿Que ex presidente?-, contesté perplejo e incrédulo. El televisor encendido en la casa contigua donde continué la tarea, me confirmaría la noticia que ya corría por las redacciones del país y se hacía eco en los principales medios de todo el mundo. El corazón de Néstor Kirchner había dicho basta en El Calafate, aquel rincón casi al final del mapa que era su lugar en el mundo.

Pertenezco a una generación que nació en la dictadura, creció con Alfonsín, adolesció en el menemato y se hizo adulta en el 2001, con el “que se vayan todos” como música de fondo. Por todo lo anterior, esta generación nunca creyó en la política como herramienta de transformación y aprendió que “los políticos eran una manga de ladrones y corruptos que solo buscaban beneficio personal.”

Por eso cuando en 2003 apareció este flaco, medio tuerto, hablando con ceseo, que calzaba mocasines y usaba el saco cruzado, en principio lo miró con la desconfianza que le generaba este Presidente que venía como el delfín político de Eduardo Duhalde (el mismo que como colorario a su actuación en la función pública había manchado sus manos con la sangre de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, los piqueteros asesinados a sangre fría por la bonaerense en el Puente Pueyrredón. “La mejor policía del mundo”, en palabras del propio Duhalde.)

Pero Kirchner era otra cosa. De entrada, encaró contra la Corte Suprema de la mayoría automática, resabio del menemismo, y le cortó la cabeza. Enseguida, dejó en claro cual iba a ser su política en materia de derechos humanos. Recibiendo a Madres y Abuelas, proponiendo la nulidad de las leyes del perdón, yendo al Colegio Militar y en su caracter de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, ordenándole al Jefe del Ejército retirar los cuadros de los genocidas Videla y Bignone. Pidiendo perdón en nombre del Estado argentino por primera vez en veinte años por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura.

Y siguió luego con las políticas de desendeudamiento, para quitarse de encima el lastre del Fondo Monetario Internacional, que durante la década del noventa y principios de la del 2000 venía a dictar las políticas de ajuste. Fue eso y también comenzar a andar un camino junto a los gobiernos de Latinoamérica. En aquella Cumbre de las Américas de Mar del Plata del año 2005 cuando se le plantó, junto a Chávez y Lula, al entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, que venía dispuesto a firmar el ALCA, un plan de anexión al Imperio. Y pensar que durante mucho tiempo nos quisieron hacer creer que no teníamos nada que ver con los pueblos hermanos del continente, con quienes nos une no solo el idioma, sino también lazos culturales, comerciales e identitarios. Ahí está la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) que Kirchner presidía al momento de su muerte y que jugó un papel fundamental para frustrar el reciente intento de golpe en Ecuador.

Concluido el período de Kirchner, vino Cristina, con el famoso conflicto con el campo al inicio de su gobierno y la pelea con el Grupo Clarín. Demostrando que no les temblaba el pulso para hacer frente a las corporaciones que durante décadas marcaron la agenda en este país, siempre para beneficio propio. La reestatización de las jubilaciones, la Ley de Medios y la asignación universal por hijo, entre otras medidas, cuando todos creían que estaban en retirada. Y el proyecto de un país distinto. Con un fuerte respaldo a la ciencia y al desarrollo tecnológico. Con políticas de Estado por las cuales deberá esperarse un tiempo, pero que seguro empezarán a dar sus resultados. Esta su herencia, una Presidenta con el coraje para seguir adelante con el proceso iniciado. Y un pueblo que la va apoyar y defender cuando sea necesario.

Siete años le bastaron a Néstor para dejar una huella profunda en la política argentina. Sin dudas, la historia lo va a recordar como un gran estadista. Muchos le van a agradecer haberles devuelto la esperanza, las ganas de empezar o de volver a creer en la política como una herramienta de transformación social. Aún falta mucho por hacer. Muchas personas siguen viviendo en este suelo con las necesidades básicas insatisfechas. Pero existe el convencimiento de que se está en el camino correcto, ese que empezamos a andar de la mano de un flaco medio tuerto que vino del sur en mocasines y con el saco cruzado.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Dibujos


A los seis años hacía mis primeros dibujos en la escuela. Iba a la primaria número 16, que quedaba a unas pocas cuadras de mi casa y ya en esos primeros garabatos se veía que las artes plásticas no iban a ser lo mío. Por más empeño que le pusiera, mis dibujos nunca fueron de los más destacados de la clase. Ni que hablar cuando quería mejorarlos con algún detalle, punzón en mano, de papel glasé. Jamás sería lo que se dice un dibujante afamado, pero como todo niño de esa edad intentaba hacer algo para ganar algún elogio, que siempre venía del lado de mi abuela. Cada vez que yo me acercaba con alguna de mis manualidades ella dejaba de lado lo que estaba haciendo, observaba detenidamente la pieza en exhibición y respondía, categóricamente, con un "aaaaaaa, ¡¡¡qué heeeerrrrmoooso nene!!!" Y luego me daba un beso en la frente, felicitándome. Con eso lograba que yo me ruborizara y tuviera ganas de tributarle tímidamente mi pequeña y precaria obra de arte, que ella guardaría en alguno de sus cajones para que se mezclara con otros dibujos de mi hermana o mis primos, seguramente mejores que los míos.

Era el tiempo en que la Argentina todavía transitaba la "primavera alfonsinista”, que había llegado a fines de 1983 luego de casi ocho años de dictadura. Dos años más tarde se había juzgado a las cúpulas militares. Videla, Massera y compañía, condenados a pasar el resto de su vida a la sombra. Las alegrías venían por el lado del fútbol, con un Maradona que esquivaba ingleses como postes en su camino hacia levantar la Copa en el Mundial de México y, de alguna manera, reivindicaba a los colimbas que la dictadura había mandado al muere cuatro años antes, cuando la guerra de Malvinas. Parecía que el país lo tenía todo para levantarse después de la caída. Campeones en fútbol y en el juzgamiento de los criminales. Pero la ilusión duró poco. El gobierno radical no pudo, no supo o no quiso seguir adelante y a ese juicio histórico le siguieron las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, pasaporte a la impunidad para los autores del genocidio argentino. Y las heridas abiertas eran muy profundas como para cicatrizar sin justicia.

Los chicos de primer grado de la Escuela dieciséis, que habíamos nacido en plena dictadura, vivíamos en un mundo ajeno a ese que íbamos a conocer años más tarde. Con madres que buscaban a sus hijos y abuelas que pedían por sus nietos. No podíamos imaginar que mientras la mayoría de nosotros había nacido en una clínica o un hospital, teníamos compañeros en esa u otra escuela que habían nacido en la Escuela de Mecánica de la Armada o en Campo de Mayo y que ahí mismo los habían arrancado de los brazos de sus madres para entregarlos como botín de guerra.

Videla, un general argentino que regó la nación con la sangre de los 30.000 desaparecidos, en un genocidio perpetrado junto a los sectores más reaccionarios de la sociedad para sentar, mediante el terror, las bases de un proyecto económico para unos pocos. Un militar que tiene su lugar en el infierno de nuestra historia.

Esa historia que empezábamos a conocer cuando la maestra de primer grado nos contaba por primera vez sobre la grandeza de otro general argentino: San Martín. Que había luchado por la independencia y soñó junto a Bolívar con la Patria Grande, en donde los países de la América Latina caminaran de la mano. Y que se había ido a morir lejos, en Francia, porque no podía volver para ver como se derramaba la sangre entre hermanos. Recuerdo como recortaba las figuritas del “Santo de la Espada”, que venían en Billiken o Anteojito, me enchastraba con plasticola y las pegaba en el cuaderno Rivadavia. Cuando llegaba a mi casa, todavía con el guardapolvo puesto, le mostraba el trabajo a mi abuela, que coronaba la tarea con un “heeermoooso, nene”, me daba un beso en la frente y un austral para que me comprara caramelos.

jueves, 26 de agosto de 2010

La Soledad es como un penal errado


Cuando era un niño y Boca no ganaba campeonatos tuve mi primera experiencia con la soledad. Transcurría el año 1991 y el equipo de la ribera había hecho una excelente campaña, quedándose con el torneo Clausura, justo diez años después de la última gesta victoriosa de la mano de Diego Armando Maradona. Yo era lo que se dice un fanático del fútbol, al punto de llorar si Boca perdía, así fuere con River o con Unión de Santa Fe. Pero en ese año 1991, por fin la mano había cambiado y pude disfrutar con los goles de Batistuta o las gambetas de Latorre. Era un equipazo, atajaba Navarro Montoya, el cinco era Giunta y el técnico el maestro Tabárez.

El equipo ganó invicto ese campeonato, pero para terminar de consolidarse como campeón debía enfrentarse a un desempate con el ganador del Apertura. Que era ni más ni menos que el Newell´s de Marcelo Bielsa. Luego de semejante producción, todos confiaban en una sencilla victoria para Boca. Pero algo habría de conspirar contra las aspiraciones de la mitad más uno. Ese mismo año, se jugaba la Copa América y el entrenador de la selección argentina había decidido citar a las dos grandes figuras que habíamos tenido en el torneo: Gabriel Batistuta y Diego Latorre. Batman y Robin. El ancho de espadas. Y el de basto también.

Recuerdo que hubo algunas protestas e intentos de negativa por parte de la dirigencia, pero con el argumento de que a Newell´s también le sacaban jugadores, hubo que tragarse el sapo. Y para reemplazarlos se recurrió de apuro a un ignoto delantero brasileño y a la “Vieja” Reinoso, un buen número diez que había pasado por Independiente, pero que ni por asomo tenía el nivel que había mostrado “gambetita” Latorre.

Así las cosas, Boca viajó a Rosario para jugar el primer partido. Perdimos uno a cero con gol de Berizzo, pero había que jugar la vuelta en una Bombonera que estaría repleta. Todavía, los pronósticos favorecían al equipo del Maestro Tábarez. El partido fue trabado e intenso como toda final, con el condimento del barro producto de la lluvia. Pasaban los minutos y el gol no llegaba. Hasta que la Vieja Reinoso, ese que habían ido a buscar para reemplazar a Latorre, agarró un rebote en el área y la mandó a guardar. El otro, el brasilero, vino de paseo a Buenos Aires. Supongo que se habrá sacado fotos en “Caminito” o se habrá clavado un bife en “Chiquilín”, pero de jugar al fútbol, poco y nada. Con el uno a cero final hubo que ir a los penales y el desenlace no pudo ser peor. La victoria fue para los rosarinos. Todavía recuerdo el último penal de Walter Pico, “Piquito”, estallando como una bomba contra el travesaño. Y contra mi corazón azul y oro.

A partir de ese momento me invadió la furia, el desasosiego. Lloré, insulté a los cuatro vientos, maldije a cada uno de esos jugadores vestidos de rojo y negro que habían tenido la osadía de arrebatarle el título a mi equipo. Preso ya del desenfreno y la ira, arremetí contra uno de los sillones del living de mi casa. Como si fuera a ejecutar nuevamente el último penal que “Piquito” había reventado contra el travesaño, le di un puntinazo al sofá. Esa fue la gota que rebasó el vaso y la paciencia de mi padre, que me tomó de un brazo y me encaminó hacia el baño, para comprobar empíricamente si el agua fría de la ducha podía calmar aquella ira.

Luego de la refrescada, fui convidado a reflexionar en mi habitación. La bronca seguía, quería enterrarme en un pozo y no salir hasta que comenzara el campeonato siguiente. No podía imaginar con que cara me iba a presentar en la escuela el lunes. Al rato, en un acto de condescendencia, mi madre me invitó a tomar un té con alguna frase de ocasión al estilo de “ya está, es sólo un partido fútbol.” ¿Sólo un partido de fútbol?, pensé. Tuve ganas de decirle que ese partido de fútbol era todo en ese momento, la razón de mi existencia, quizás. Todavía con lágrimas en los ojos le respondí que no quería un té y que me dejarán solo. Solo con mi soledad. Textuales palabras. Dicen que el jugador de fútbol también se siente muy solo cuando camina esos treinta metros que lo separan del medio campo al punto del penal en una definición de ese tipo, con lo cual supongo que Piquito, habrá experimentado una sensación parecida a la mia.

Tiempo después empecé a recordar con mucho humor esa historia. Y comprendí que si, que era solo un partido de fútbol y que poco podía hacer para cambiar un resultado sentado cómodamente en el sillón de mi casa. La vida está compuesta por definiciones por penales en las que uno mete goles, pega la pelota en el palo o la tira a la tercer bandeja. Con los años volví a sentirme solo cuando me llevé por enésima vez matemática a marzo, se terminó algún noviazgo, se fue un ser querido o me quedé sin trabajo, pero sigo sin poder comprender como ese penal de Piquito se estrelló contra el travesaño.

domingo, 8 de agosto de 2010

Perón se tendría que haber llamado Viernes

Recibimos con agrado este breve relato por parte de la compañera Daniela y queremos compartirlo con ustedes. Que lo disfruten.

Perón se tendría que haber llamado Viernes
Por Daniela Pérez Silva

Tengo un profundo odio y rechazo hacia los días domingo. Los detesto, los borraría del calendario, y cuando van seguidos de un feriado, mucho más. No los puedo tolerar, me invento actividades como visitar gente o ir a apoyar el culo un buen rato arriba de un pedazo de césped en la plaza pero en donde vuelvo a casa, acecha el odio.

Necesito, antes de seguir, contar dos cosas de mí que parecieran que no tienen un pedo que ver pero cuando las explique van a ver que sí: resulta que soy enfermamente peronista y adicta a todas las redes sociales virtuales, sobre todo al facebook.

Entonces, el otro día, luego de pasar un hermoso domingo al sol en el parque, en el cual nos entretuvimos observando dos perros que jugaban a morderse la oreja y tomando unos mates que por cierto estaban asquerosos, porque eso pasa siempre que salís con el mate, o te queda frío, o se te tapa la bombilla, llegué a mi casa, abrí el caralibro y escribí AY DOMINGO, DOMINGO ¿cómo puedo hacer para quererte? Y una amiga mía, que está bastante más al pedo que yo, pero que no detesta tanto a los domingos, me contestó: No Dani, no los odies, pensá que el general se llama Juan Domingo…
Y me dejó reflexionando.

Pensé, pensé y pensé… Me propuse no detestar tanto a ese día….pero es más fuerte que yo..LO ODIO LO ODIO LO ODIO…SIEMPRE LLUEVE Y EN LA TELEVISION LO MAS MODERNO QUE HAY ES UNA PELICULA DE CUANDO SILVESTER STALLONE AUN NO SE HABIA HECHO LA REVERENDA CARA DE GOMA QUE TIENE AHORA….

Y seguí reflexionando, recordé, como tanto me gusta, ese versito popular que dice que cuando hay un día espectacular con un sol radiante, es un día peronista…Y sí, los días peronistas, son hermosos…Entonces yo me pregunto ¿cómo puede ser que justo el general se llame domingo, que es el día más horrible de toda la semana?

Entonces concluí en algo que es lo que da nombre a este texto escrito desde el mas profundo sentimiento de bronca, porque créame señor lector que no tengo ningún interés en esbozarle una sonrisa en lo absoluto, sólo quiero, que tanto usted, como yo, empiece a odiar los domingos si es que aún no lo ha hecho…

Y se haga peronista, sí es que tampoco lo ha hecho…..Perón nos ama….Perón se tendría que haber llamado viernes…porque el domingo no nos quiere.



miércoles, 28 de julio de 2010

Distintas maneras de observar la lechuga


Aunque nacemos sin saber que todo esto, algún día y de manera inexorable, va a terminar, la muerte es la gran preocupación de los seres humanos. De niños andamos alegremente por la vida, hasta que un día algo o alguien nos hace saber que la muerte existe, que traemos, como un yogurt o un sachet de leche, una fecha de vencimiento. La muerte, eso tan desconocido. Ese momento tan tremendo que alguna vez deberemos enfrentar.

Cuando uno es un niño y se entera de que la parca llegará algún día, las sensaciones son diversas. Pero quizás la más fuerte es de soledad. Debe ser ese el primer momento en que un niño se siente realmente solo, sin explicaciones y con miedo. Será por eso que acudimos a nuestros seres queridos. Probablemente mamá o papá. Para que nos expliquen qué es eso de la muerte. Aunque íntimamente deseamos que no haya explicación. Lo que queremos es que nos nieguen su existencia, para quedarnos tranquilos y felices, seguros de vivir para siempre.

Como no pueden negarla, los padres, en la mayoría de los casos, acuden al cuento de Dios, el cielo, los angelitos y la posibilidad de reencontrarnos con nuestros seres queridos en una especie de fiesta celestial, en la cual estarán todos los que nosotros deseemos que estén. Para esos casos, la posibilidad de la existencia del cielo es un buen recurso. Nos da tanto miedo morir que es un buen invento pensar que vamos a seguir viviendo luego.

Cuando era chico, creyendo en el cielo y la vida después de la vida, pensaba que no estaría tan mal abandonar la Tierra. Quizás iba a encontrarme con personajes famosos como John Lennon o el Negro Olmedo, que por entonces era un flamante huésped de las nubes.

Mi abuela, que siempre tenía alguna frase justa para lanzar en el momento preciso, definía la muerte de dos maneras. Que eran buenas para comprender por qué había que saber disfrutar la vida. Una era recordar que solo había una cosa en la vida que no tenía solución. Entonces si alguien amagaba con hacerse problema porque se le rompía un plato o pinchaba una goma de la bicicleta, ella le lanzaba aquella frase, que lo devolvía a la hermosa realidad de estar vivo. Y la otra, quizás la más graciosa, era figurarse que cuando ese día llegara iba a pasar a “mirar la lechuga de abajo”.

Hoy ya no creo en encontrar, en el futuro, a John Lennon zapando con Jimi Hendrix ni en presenciar algún sketch del “Manosanta”, en vivo desde algún estudio celestial. Y hasta me permito dudar de que mi abuela vaya a despertarme de mis sueños pegándome un grito al pie de la escalera como lo hacía cuando era chico y me llamaba a tomar la leche. Mientras miro la lechuga desde arriba, recuerdo a esos seres con mucho cariño y pienso, la puta, que lindo es estar vivo.

martes, 13 de julio de 2010

Cagarse en Perón (o Las tostadas quemadas de mi Abuela)



Cuando era chico, mi abuela escuchaba la radio y hacía tostadas. Eran los tiempos en que Héctor Larrea hacía “Rapidísimo” y Antonio Carrizo “La vida y el canto”, por Radio Rivadavia. Yo me levantaba a media mañana, escuchaba a la pasada algún tango que venía del aparato –Gardel, Julio Sosa o el Polaco Goyeneche preferentemente- y sentía el inconfundible aroma de las tostadas que preparaba Nereyda. Tenía una tostadora vieja, media agujereada, de esas que tienen una rejillita que va encima de una chapa y se calientan en la hornalla. Ahí ponía las rodajas de pan, siempre cortadas gruesas. Una vez listas, las tostadas iban a parar a una lata color gris de forma cilíndrica. Hechas por la mañana le servían para todo el día. No era de buen comer mi abuela y se alimentaba a base de tostadas, jamón crudo, mate (excesivamente) dulce y chocolates. Yo disfrutaba robándole el jamón crudo o algún chocolate. En un tiempo se le había dado por esas galletas de arroz inflado de un sabor inexistente, que jamás se me dio por hurtarle.

De vez en cuando las tostadas se le quemaban y ahí, Nereyda, mi abuela, largaba una puteada: “¡me cago en la madre de Perón!”, decía, poniendo un especial énfasis en las palabras cago y Perón. Aunque siempre me causó mucha gracia ese insulto hacia la progenitora del General, que la vieja propinaba intempestivamente al aire, nunca me preocupé por saber el significado que tenía para ella. ¿Qué significaría para mi abuela cagarse en la madre de Perón? Si bien nunca tuvo una formación política robusta, ella se declaraba peronista. Analizándolo minuciosamente, entonces, no tendría mucho sentido cagarse en la mujer que había llevado en su vientre a quien fuera en vida el político más influyente de la historia argentina, siendo además que mi abuela profesaba una especie de amor platónico hacia el líder.


Años después leyendo un librito sobre John William Cooke, noté que José Pablo Feinmann atribuía al ideólogo del Peronismo Revolucionario, la siguiente frase: “Me cago en Perón.” Claro que Cooke no puteaba al líder porque se le quemaran las tostadas ni por ningún otro percance culinario, sino que ese cagarse en Perón tenía, en palabras de Feinmann, otra explicación. Distinta a la de mi abuela y casi filosófica: …“para los peronistas como yo, para los peronistas revolucionarios, cagarnos en Perón es creer y saber que el peronismo es más que Perón. Que Perón es el líder de los trabajadores argentinos, pero que nosotros, los militantes de la izquierda peronista, tenemos que hacer del peronismo un movimiento revolucionario. De extrema izquierda. Y tenemos que hacerlo le guste o no a Perón. Porque si lo hacemos, compañero, a Perón le va a gustar. Porque Perón es un estratega y un estratega trabaja con la realidad. Una realidad que, más allá de sus convicciones que son muy difíciles de conocer, Perón va a tener que aceptar. Porque Perón, Salamanca, ya no se pertenece. Quiero decir: lo que no le pertenece es el sentido político último que tiene en nuestra historia. Porque Perón va a tener que aceptar lo que realmente es, lo que el pueblo hizo de él: el líder de la revolución nacional y social en la Argentina. Esa es, entonces, compañero, en suma, mi manera de cagarme en Perón”…


John William Cooke había nacido en La Plata el 14 de noviembre de 1920. Provenía de una familia política y radical. Su padre había sido de los primeros radicales en pasarse al peronismo. El “bebe”, como le decían, fue diputado por el peronismo, de intensa labor parlamentaria entre 1946 y 1951. Después de la caída de Perón, fue nombrado como el primer delegado en Argentina del líder en el exilio y fue un personaje clave en los primeros años de la resistencia, motivo que le valió la cárcel en más de una ocasión. A comienzos de la década de 1960 viajó a Cuba con su compañera Alicia Eguren, en donde participó de la defensa de la Revolución en Playa Girón. Cooke era un convencido de que el peronismo debía ser un movimiento revolucionario y por eso luchó hasta el final de sus días en septiembre de 1968, cuando un cáncer lo fulminó a una temprana edad. Su legado más importante fue el de sentar las bases para un peronismo combativo y de izquierda.


Mi abuela, no era de izquierda y no intentaba anticiparse al pensamiento de John William Cooke o del mismo José Pablo Feinmann. Simplemente y vaya a saber uno por qué, se cagaba en la Madre de Perón y cada vez que la escuchábamos, esa frase venía acompañada de un inconfundible olor a pan quemado.

lunes, 12 de julio de 2010

DINOSAURIOS CON SOTANA

Los tiempos cambian, las sociedades avanzan y, afortunadamente, algunos prejuicios van dejándose de lado o al menos eso se intenta. El Congreso de la Nación tiene la oportunidad por estos días de sancionar una ley de avanzada, que reconozca los derechos de todos y todas a la hora de establecer una pareja, más allá de lo que decidan hacer con su culo, su pene o su vagina, como sucede en varios países europeos pero que sería toda una novedad para Latinoamérica.

¿Quien podría negarse a estos cambios si se supone que un alto porcentaje de la sociedad lo avala? ¿A quien no le interesa que las parejas homosexuales accedan en igualdad con las heterosexuales a los derechos previsionales, laborales, patrimoniales y sucesorios? La Iglesia Católica Argentina, cuando no, encabeza una cruzada contra lo que considera una "guerra de Dios" contra el "Padre de la mentira" que supuestamente viene a destruir el "plan de Dios." Es por estos motivos que el Episcopado ha desplegado un lobby en la Cámara Alta para presionar a senadores en pos de de truncar el proyecto. Asimismo, prepara una movilización para mañana en la cual se convocará a "salvar a la familia." La oposición, siempre tratando de caer simpática a las corporaciones, ha elaborado un proyecto de unión civil que sería un trampa porque no equipara derechos y, desde su concepción es discrminatorio, ya que reconoce a homosexuales como diferentes.

No sería esta la primera vez que la jerarquía eclesiástica se manifieste en contra de una ley relacionada al matrimonio. Ya lo hizo en 1888, cuando se aprobó la ley de matrimonio civil que separaba a la institución religiosa de la institución civil o a mediados de la década de 1980 cuando se opuso a la ley de divorcio, que por otra parte había sido causante de su ruptura con el gobierno del General Perón en el año 1954. Hoy la Iglesia se muestra escandalizada por la posibilidad de que una pareja homosexual pueda tener los mismos derechos que las heterosexuales y, quizás lo que más la irrita, acceda a la adopción. Algo que se da en la práctica, pero que la ley hasta aquí se niega a reconocer y con esto priva de derechos a niños y niñas.

Si la Iglesia Católica predica la palabra del Señor. Y se supone que "todos somos iguales ante los ojos de Dios", ¿por qué la jerarquía eclesiástica sigue negándose a reconocer que los tiempos han cambiado? Es necesario avanzar en los hechos en función de barrer con los prejuicios que solo generan discrminación. Para que la igualdad deje de ser un slogan y pueda convertirse en una realidad.

sábado, 3 de julio de 2010

"COMO UNA TROMPADA DE ALI"

Ya está. El sueño terminó. Lo dijo Diego en la conferencia de prensa: "esto es una trompada de Muhammad Ali." Y fueron cuatro. Cada gol como un mazazo en la cara. Habíamos pensado que se podía, por la calidad de jugadores con los que contábamos y por toda esa mística generada alrededor de la figura de Maradona. Lamentablemente nos volvimos a quedar en los cuartos de final y ante la misma Alemania que nos despidió en el último Mundial.

No faltarán ahora los que intentarán hacer leña del árbol caído y criticarán despiadadamente al DT y su cuerpo técnico. Y querrán ver rodar la cabeza de aquel al que muchos llaman D10S. Este blog no participará de esa campaña sino todo lo contrario: ya hace sus votos para que Maradona continue en el cargo, porque demostró sin temblarle el pulso que puede ser el conductor de ese vestuario lleno de estrellas, con una propuesta futbolística que por momentos se pareció a la que le gusta a los argentinos. Además esa es la sensación que se respira en el aire. Aquí no concluyó un ciclo, hay sed de revancha y esperamos que el Diego y sus muchachos la tengan en la Copa América que se jugará en la Argentina el año que viene, primero, y en el Mundial de Brasil 2014 después.

Por lo demás, volveremos a ocuparnos de esas cosas de todos los días de las que veníamos hablando. Ahora importa un pito quien gane el Mundial, más nos gustaría que lo declaren desierto, que se termine lo antes posible. Y no me vengan con que por el Mercosur tenemos que hinchar por Uruguay o gritar los goles de Paraguay si logra saltar la valla de España. Nuestro sueño terminó y ahora nada nos importa menos que esa Copa del Mundo que dicen se está jugando en Sudáfrica.

domingo, 27 de junio de 2010

QUE PASE EL QUE SIGUE...


La selección de Diego sigue el camino hacia su principal objetivo: la Copa del Mundo. Se festeja en cada rincón del país. Acá algo de lo que se vivió en Mar del Plata, tras la victoria ante México por 3-1 en el partido correspondiente a los octavos de final. Ahora, en cuartos, el rival es Alemania el próximo sábado a partir de las once de la mañana, un verdadero clásico de los Mundiales. Ojalá que esta historia tenga el final que todos esperamos.

miércoles, 23 de junio de 2010

LAS MAÑANAS PERONISTAS DE MI ABUELA


De chico, cuando iba a la escuela al turno tarde y me gustaba quedarme remoloneando dando vueltas en la cama, había alguien que a los gritos me invitaba a abandonar el lecho. “¡Neeeeneee, levantate que es una mañana peronista!”. Con esas palabras, mi abuela reclamaba mi presencia cuando una mañana de sol se presentaba sobre aquella Mar del Plata de mediados de los años ochenta, tan distinta a la de ahora.


Yo sabía poco o nada de lo que era el peronismo y tampoco me figuraba porque una mañana de sol debía tener esa afiliación política. Era la Argentina que creía en Raúl Alfonsín, aquel radical que gobernaba el país luego de la noche de la dictadura y el peronista más famoso era Antonio Cafiero, gobernador de la provincia de Buenos Aires. Entonces vivían el Negro Olmedo y Minguito, no existía Internet, Boca no ganaba campeonatos y yo me enfurecía hasta las lágrimas cuando un arquero le tapaba un gol a “Comitas” o al “murciélago” Graciani.


Mi abuela, la de las mañanas peronistas, era también la abuela de Julieta, mi hermana, y de Florencia, Federico y Juan, mis primos. Se llamaba Nereyda Venecia Fittipaldi y había nacido en Azul el 5 de abril de 1918. Nereyda, como las sardinas y Venecia, como esa poética ciudad italiana, la de los puentes y las góndolas. Aunque bien podría haberse llamado Maipú, ya que había nacido al cumplirse cien años de aquella histórica batalla, llevada a cabo el 5 de abril de 1818 entre tropas revolucionarias y realistas en el valle del Maipo, cerca de Santiago de Chile. La reglamentación de esa época, tan lejana a estos tiempos en donde cualquier nombre está permitido, hizo que su padre se quedara con las ganas de llamarla de ese modo.


Nunca tuvo formación política ni fue una militante del peronismo. Pero tenía bien en claro que un día de sol era un día peronista, como aquel 17 de octubre de 1945, cuando los descamisados llegaron a la Plaza de Mayo para reclamar la libertad del líder preso en la Isla Martín García y se refrescaron con las patas en el agua de las fuentes porteñas, horrorizando a galeritas y señoras bien. Perón supo comprender a aquella masa emergente de trabajadores como nadie lo había hecho hasta el momento, dándoles entidad e incorporándolos a la vida política del país. Les hablaba en un tono campechano y los trataba de compañeros. Pero ese reconocimiento no se quedaba solo en las palabras, sino que tuvo su correlato en la vida cotidiana de los trabajadores, que experimentaron cambios rotundos en sus formas de vida. Los gorilas (expresión adoptada para denominar a los antiperonistas) aborrecerían por siempre de Perón y del peronismo. Mi abuela, en cambio, sabía que aquel peronismo fue una revolución hecha con alegría. La misma que sentía cuando se levantaba a la mañana y al ver el sol corría a gritarme ¡neeeeneee, levantate que es una mañana peronista!

martes, 22 de junio de 2010

LLAMEN A CAMPANELLA


¿Qué más puede agregarse que no se haya dicho? ¿Qué tendría de original mencionar que este es un nuevo capítulo para una vida de película? Tan trillado como cierto, Martín Palermo no deja de marcar records y de seguir escribiendo el guión de su vida cinematográfica. Esa que tenía tantos capítulos con la camiseta de Boca pero que hasta hace unos meses solo tenía grabado un pedacito con la celeste y blanca. Y para colmo era una escena de terror, digna de una película de Freddy Krueger, la de aquella noche de Luque en la Copa América de Paraguay 1999, cuando Martín erró tres penales de manera consecutiva en la derrota del equipo de Marcelo Bielsa por 3 a 0 frente a Colombia.

Aquel estigma lo alejó durante mucho tiempo de la Selección, que se privó de disfrutar al mejor Palermo, el que brilló en la final intercontinental que Boca le ganó al Real Madrid por 2-1. Un paso con escaso suceso por Europa lo devolvió a su país en 2004 para ponerse de nuevo la azul y oro. Y ahí el Titán comenzó a pulverizar todos los récords, convirtiéndose en el goleador histórico del equipo más popular de la Argentina, superando a los legendarios Pancho Varallo y Roberto Cherro, que habian jugado para Boca entre las décadas de 1920 y 1930.

A partir de allí, el hombre surgido de Estudiantes de La Plata, reafirmó su condición de ídolo indiscutido del pueblo xeneize y logró el reconocimiento de todos los simpatizantes del fútbol argentino. Pero la Selección seguía negándosele y cuando el por entonces entrenador Alfio Basile había anunciado que iba a convocarlo, Palermo se volvió a romper los ligamentos de una de sus rodillas, alejándose por seis meses de las canchas.

La chance le llegó de la mano de Diego Armando Maradona. Y Palermo, en aquellos amistosos ante equipos de poca monta con la denominada selección local hizo su trabajo, el gol. Así se ganó un lugar en la convocatoria para los partidos por eliminatorias, marcando un gol vital ante Perú en la cancha de River, en un final para el infarto. El gol de hoy para sellar la victoria por 2 a 0 frente a Grecia no tuvo características tan dramáticas. Pero fue tan emotivo como aquel y bien vale para un nuevo capítulo: Martín se convirtió en el jugador más veterano en debutar y convertir un tanto en un Mundial con la camiseta celeste y blanca. Habrá sido esta la última escena de la película de Palermo en la selección argentina. Por las dudas, guarden cinta, con el Titán nunca se sabe...

jueves, 17 de junio de 2010

ARGENTINA 4 - COREA DEL SUR 1



En Mar del Plata, la gente se concentró en el Monumento al General San Martín para festejar la victoria y virtual clasificación a octavos de final de la Copa del Mundo del equipo de Diego. Los que no confiaban, ya saben...

PASO A PASO















El fútbol, dijo alguna vez el Gordo Soriano, es el último refugio de la épica. Un Mundial representa como nada esa expresión. Once de un lado, once del otro, cada cual con su bandera más la ceremonia de los himnos y cientos de millones de personas pendientes alrededor de todo el mundo. Una batalla en términos deportivos, librada en el verde césped, para quedarse con el trofeo más preciado, el pretendido por todos: la Copa del Mundo.

En ese camino y luego de un debut promisorio pero falto de contundencia frente a los nigerianos, la selección argentina dio hoy el segundo paso ganándole a Corea del Sur por 4 a 1. Después de haber visto a todos los equipos del torneo, lo hecho por el equipo de Maradona invita a ilusionarse. Pero, como decía Mostaza, paso a paso. Ahora vendrá el partido contra Grecia para finalizar el grupo y terminar de abrochar la clasificación en el primer puesto a los octavos de final.

En el año del Bicentenario argentino, el Pueblo sigue festejando como ocurrió en Mar del Plata, según se ilustra en este post.

miércoles, 16 de junio de 2010

16-06-1955: BOMBAS SOBRE BUENOS AIRES


Hace cincuenta y cinco años se producía uno de los hechos más aberrantes de nuestra historia. Aviones de la Marina de Guerra bombardeaban la Plaza de Mayo de Buenos Aires con el objetivo de matar al General Perón. Pero no solo ese era el propósito, sino también el hecho de advertirle al pueblo hasta donde eran capaces de llegar con tal de acabar con el gobierno popular. No les importó a aquellos criminales hacer llover bombas sobre una plaza llena de civiles indefensos. No les importó que hubiera niños y niñas de una escuela del interior que iban a ser recibidos por el Presidente. No les importó cargarse con la vida de 380 inocentes.

El 16 de junio de 1955 es una fecha que debe ser recordada como el principio del horror y antesala del terrorismo de Estado. Sin embargo durante muchos años fue silenciada, tanto por los grandes medios, como en los libros de historia que se leen en la escuela, que poco y nada dijeron sobre esa historia de tragedias y atropellos contra el pueblo.

La Memoria del Pueblo peronista, de quienes han luchado para que los actos del terrorismo de Estado no prescriban y caigan en el olvido, ha conseguido que aquella infamia hoy esté siendo investigada y sea también considerada como un delito de lesa humanidad. Honrar la memoria de tantos muertos es no olvidarlos nunca.

martes, 15 de junio de 2010

SE GANÓ UN PARTIDO


Mientras la pelota no para de girar en Sudáfrica y se acrecientan las chances de la Selección Nacional a medida que el resto de los equipos van haciendo sus presentaciones, pasan algunas cosas interesantes en la Argentina. Hoy la Corte Suprema de Justicia dictó un fallo por el cual dejó sin efecto la suspensión de la Ley de Servicios Audiovisuales -sancionada por el Congreso a fines del año pasado- que había ordenado la Cámara Federal de Mendoza.

El Monopolio, se sabía, no iba a quedarse de brazos cruzados. Una vez sancionada la Ley, buscó en legisladores y jueces amigos, una mano para impedir que la medida se pusiera en marcha. Y esa mano llegó desde la provincia de Mendoza, la tierra del vicepresidente Cobos y de Daniel Vila y José Luis Manzano, dueños junto a Fancisco de Narváez, del Canal América, entre otros cuantos medios que conforman el Gupo Uno.

Con la resolución de la Corte Suprema del día de hoy, en términos futboleros, se ganó un partido, pero aún falta que el máximo trbunal se expida en relación a medidas cautelares promovidas por particulares que objetan artículos específicos de la norma. Como alguna vez la bautizara Gabriel Mariotto, la "madre de todas las batallas" se sigue librando, ahora en la justicia.

lunes, 14 de junio de 2010

CHE


Un día como hoy pero de hace ochenta y dos años, nacía en Rosario, provincia de Santa Fe, Ernesto Guevara de la Serna. Decir algo original acerca de este hombre que hizo una parte importante de la historia de Latinoamerica, sería un verdadero hallazgo, más proviniendo de este modesto blog.

Solamente vaya el homenaje para el Comandante que demostró que la utopía es posible cuando se cree en una idea y se es capaz de dar la vida por ella si es necesario. Patriota de Latinoamerica, se embarcó en la aventura revolucionaria cubana a finales de la década de 1950. Podría haberse quedado en esa Cuba que lo había adoptado como un hijo propio, pero su espíritu de lucha lo llevó a continuar su empresa en Bolivia, desde donde quería continuar encendiendo el foco de la Revolución, para llegar más tarde a la Argentina, la tierra que había abandonado unos años antes.

El Ejército boliviano en trabajos conjuntos con la CIA lo detuvo en octubre de 1967, fusilándolo de inmediato. Sin embargo, al matarlo, lo hicieron nacer infinidad de veces. Hubo quienes siguieron tomando el fusil que el Che había dejado. Y otros, que sin compartir la idea de la violencia como método, lo siguen reconociendo como una figura de enorme influencia. Quizá a manera de síntesis de lo que fue su pensamiento y lo que es hoy su legado valgan estas palabras que el Che escribió en una carta de despedida a sus hijos: "... sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario..."

RETOMANDO

Dicen que hoy la gente lee cada vez menos, aunque a juzgar por la cantidad de información disponible en medios como internet, hay quienes se animarían a rebatir y no con pocos fundamentos, esa postura. Dicen, también, que ha mermado la capacidad del lector de concentrar su atención en un texto durante varios minutos. Dicen, además, que internet y el famoso 2.0 han revolucionado la forma de comunicarnos. Hoy el ida y vuelta es constante. Quizá lo que esta revolución ha decretado es la muerte del lector, tal como lo conocíamos, ya que quien lee no solo lee sino que tiene la posibilidad de comentar y de ser el mismo el generador de un nuevo sentido. La comunicación es, de esta manera, mucho más dinámica.

El autor de este blog ha mantenido un profundo silencio en este foro. Si revisamos su historial -aunque hay quienes prefieren hablar de prontuario-, nos encontramos con que su última publicación data del 26 de octubre del año 2009. ¿Falta de ideas? ¿Mucho trabajo? ¿Pereza intelectual? ¿Vagancia? Algunos opinan que se puso de novio y ya no se preocupa por escribir, en tanto lo hacía solo para levantarse minas. Hay quienes dicen que creó varias cuentas en tuiter y feisbuc (sic) -con el solo afán de seguir intentando levantarse minas- y eso lo tiene tan ocupado escribiendo en 140 caracteres que ya no tiene tiempo de sentarse a desarrollar una idea. Otros, los más malintencionados, dicen que ya no escribe, sino que solo pasa sus horas navengando en esas redes sociales, perdiendo el tiempo leyendo las publicaciones de algunas de las minas que intenta levantar, que solo comunican que están tomando mate en lo de una amiga, que se están bañando, que se han comprado un nuevo celular o que han conseguido nuevo novio, lo cual desbarata sus posibilidades.

Enterado de estas versiones, el autor pensó varias veces en salir a desmentirlas rotundamente, pero en última instancia creyó que sería irrelevante engancharse en una polémica de este tipo, sobre todo al considerar que este sería un tema de interés para muy poca gente, por no decir para nadie. De modo que, luego de juntar fuerzas para quedarse callado durante tanto tiempo, supo que la mejor defensa sería un buen ataque. Y es por eso que decidió contestar con su arma más poderosa: la palabra. Sus allegados comentan que sus dichos fueron: "a partir de ahora voy a escribir como nunca y fracasar como siempre."

Y aquí lo tienen de nuevo, iniciando esta nueva etapa con sus Reflexiones al Voleo, que espera sean más al voleo que nunca, ya que no piensa en pensar demasiado, si se permite la redundancia. La invitación está hecha. El espacio está abierto. La mesa está servida. Hasta aquí nadie se ha muerto escribiendo y mucho menos leyendo. La propuesta es la misma de siempre. Se aceptan comentarios, críticas y sugerencias. Bienvenidos, bienvenidas, será un placer volver a encontrarnos.